La historia de la Difunta Correa, en San Luis, de San Juan

Hace aproximadamente un año, viaje por primera vez a San Luis, con mis padres y entre tantos paisajes, divisamos un paraje de la Difunta Correa. Nos detuvimos para rendirle un agradecimiento debido a ciertas creencias que uno tiene. Y la curiosidad despertó en mi.

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En ese preciso momento me pregunte: ¿Cual es la historia que llevo a la gente a creer fervientemente en la Difunta Correa? y me puse a investigar para conocer más acerca de aquella creencia popular.

María Antonia Deolinda Correa, fue una mujer sanjuanina que un día de 1840, con su bebe a cuestas, inició la marcha hacia La Rioja para reencontrarse con su esposo. El paso del tiempo la convirtió en un mítico culto popular.

San Juan, madrugada de un impreciso día de verano de 1840.

Vestida de rojo y con su hijo de meses a cuestas, Donosita, como se cuenta que la llamaban, inició su marcha hacia La Rioja con la secreta esperanza de reencontrarse allí con su esposo, Baudilio Bustos, que había sido reclutado por la fuerza para luchar bajo las órdenes de Facundo Quiroga.

Tras caminar unos sesenta kilómetros por el desierto, la sed, el calor y el cansancio hicieron que la joven y hermosa Deolinda, hija de un hacendado de la zona de La Majadita, hoy departamento 9 de Julio de la provincia de San Juan, cayera rendida en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que andaban por la zona vieron unos caranchos sobre la cumbre, y encontraron al niño amamantándose aún de su madre muerta. La recogieron y le dieron sepultura en la cuesta de la sierra Pie de Palo, Vallecito. La gente del lugar, asombrada por lo que les fue contado, comenzó a visitar su tumba y a llevarle flores y agua.

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Su dura existencia y su muerte heroica -rápidamente considerada como el signo de una disposición divina- dieron paso a la devoción popular.

Más de un siglo y medio después de las luchas que marcaron a fuego la vida de la nación entre 1820 y 1860, aquel episodio ocurrido en ese contexto histórico, lejos de esfumarse en el polvo del olvido aumenta la convicción de hecho real y concreto.

Hay coincidencia casi absoluta entre los historiadores en que no hay suficientes elementos de prueba para demostrar la existencia de Deolinda Correa. Ni acta de nacimiento, ni partida de defunción, ni datos sobre su hijo. Pero tampoco la niegan. Y no la niegan porque todo lo que la rodea es real: la guerra civil, el desierto, la ruta hacia los llanos riojanos y la calle Dos Alamos, en donde se cree que Deolinda tenía su casa.

Leyenda, mito, creencia, culto, devoción son manifestaciones de religiosidad popular que el tiempo teje.

A poco mas de un año, volví a ese paraje de San Luis, (me queda pendiente visitar el lugar de la leyenda, en San Juan) en una nueva etapa, y la curiosidad volvió a renacer, es por eso que comparto estas lineas con todos ustedes, la Difunta Correa fue, es y será una creencia popular, el resto es puro verso.

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